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Alberto Piris: Las colonias judías en Palestina
Rebelión
21
de agosto, 2007
Que el problema de Palestina tendrá que
resolverse dentro del triángulo formado por Israel, la Autoridad
palestina y EEUU es algo que hoy nadie pone en duda. Frente a
estos tres actores principales, ni la Unión Europea, ni Rusia,
ni la Liga Árabe juegan un papel comparable. Los miembros de
este segundo triángulo podrían, todo lo más, ser requeridos a
apoyar lo que los tres primeros llegasen a decidir, si
alcanzaran alguna vez un acuerdo para resolver este conflicto.
Por el momento, los tres protagonistas del triángulo decisivo
están en situación poco favorable. El primer ministro israelí
pasa por horas malas y su crédito está bajo mínimos; el
presidente palestino gobierna un pueblo dividido y no concita la
lealtad de todos los palestinos; y Bush, en su larga senda de
fracasos, busca desesperadamente algún éxito que ilumine su
próxima retirada de la escena internacional, lo que le hace más
peligroso que eficaz.
La convocatoria de una conferencia internacional de paz,
sugerida por Bush, suscita pocas esperanzas porque, hasta el
presente, la política seguida por EEUU en relación con los
territorios ocupados por Israel no sólo no ha producido
resultados positivos, sino que ha adolecido de una defectuosa
planificación, errónea elección de objetivos y desconocimiento
de la situación real, según señalan muchos analistas políticos,
dentro y fuera de Israel.
Pero la razón principal del continuado fracaso de los esfuerzos
pacificadores tiene un nombre: los asentamientos israelíes en
territorio palestino. Asentamientos es su nombre más común,
aunque su verdadera naturaleza es la de colonias: las colonias
judías en Palestina.
La organización judía pacifista Peace Now ha mostrado cómo
muchos asentamientos se han extendido ya fuera de los mismos
límites establecidos por Israel, trastornando así las mínimas
aspiraciones territoriales de los palestinos. La política de
expansión al otro lado de las fronteras israelíes es hoy, con
toda probabilidad, el principal obstáculo para un arreglo
definitivo.
Ésta es una cuestión que se viene dejando de lado en los
planteamientos abordados por los miembros del triángulo decisivo.
Muy pocos creen hoy, en Israel o en Palestina, en la posibilidad
de un Estado palestino fragmentado por una vasta red de
asentamientos israelíes, enlazados por túneles y carreteras
prohibidas, erizadas de puestos militares de control,
instalaciones policiales, muros y otros obstáculos a la libre
circulación.
No sólo esta red de asentamientos judíos que cubre el territorio
ocupado de Cisjordania es un obstáculo para la creación del
nuevo Estado. Lo peor es que la situación actual ha llegado a
calar hondo en las mentes de la población de ambas partes, donde
muchos consideran a los asentamientos como algo fatalmente
irreversible.
Un buen conocedor del problema, miembro de la organización A
Jewish Voice for Peace (Una voz judía para la paz), ha afirmado:
"Si EEUU no pone a los asentamientos en lugar preferente de su
agenda con Israel, ningún dirigente israelí será capaz de actuar
contra ellos. Los estadounidenses que desean un Israel seguro y
el alivio del asediado pueblo palestino deberían clamar contra
los asentamientos, olvidando todo lo demás. Si éstos permanecen,
la solución de los dos Estados será imposible"
No se ve, pues, ninguna otra salida. Si los asentamientos fuesen
inamovibles, sólo habría dos opciones: o continuar en la
situación actual, lo que augura un conflicto prolongado y
agravado porque el pueblo palestino no la podrá soportar mucho
más tiempo, o suprimir la Autoridad palestina y volver a la
ocupación directa por Israel de los territorios, como ocurrió ya
en el pasado.
Pero si se impide la creación de un Estado palestino
independiente, y el dominio israelí se extiende a todo el
territorio, Israel se enfrentaría a dos opciones opuestas: o
convertirse en un estado secular, abandonando su naturaleza de
;Estado Judío, lo que la mayoría de la población rechaza, o
verse abocado a aplicar un duro régimen de apartheid que la
comunidad internacional no podría aceptar. Como tampoco podría
aceptar lo que las más exaltadas voces judías han llegado a
proponer, pidiendo la expulsión de los palestinos y la limpieza
étnica del territorio supuestamente judío por designio divino.
Muchos son los aspectos que deberán considerarse en cualquier
plan de paz definitivo (Jerusalén, emigrados, indemnizaciones,
comercio, recursos, etc.) pero, hoy por hoy, ninguno de ellos
constituye un obstáculo tan difícil de superar como el grave
problema de los asentamientos judíos en tierras palestinas.
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